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Auschwitz, cuando la humanidad perdió el rostro

Opinión del Dr. Mario Eduardo Cohen, docente de la Universidad Maimónides y presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardi (CIDiCSef), publicada en el diario Clarín.

Auschwitz, cuando la humanidad perdió el rostro

Hace 73 años, un 27 de enero, se abrieron las puertas de Auschwitz y la humanidad se encontró con “el acontecimiento más monstruoso de la historia humana”, como lo calificara Norberto Bobbio. El nazismo quería generar un hombre autoritario, impiadoso, y sin responsabilidad para con los otros seres humanos. Y Auschwitz era apenas un engranaje dentro del sistema de asesinatos masivo de los judíos, conocido como “Holocausto” o preferentemente “Shoá” (también fueron asesinados patriotas católicos, homosexuales, discapacitados, distintas minorías). Auschwitz-Birkenau era un conjunto de campos de trabajo esclavo y de experimentación médica, al tiempo que una fábrica de la muerte. Allí fueron asesinadas por lo menos 1.100.000 personas.

Los nazis intentaron borrar las pruebas de su crimen. Destruyeron hornos, quemaron los archivos, ejecutaron a los sonderkomando. Pero lo acontecido era de tal magnitud que no pudieron ocultarlo.

Rudolf Höss, quien fuera su comandante de Auschwitz confesaba fríamente que, hacia 1943,: “Se llevaba a la gente a las cámaras de gas (…) Entraban de a 200, todos apretados (…) Normalmente se tardaba de 3 a 15 minutos en aniquilar a toda la gente, es decir, en que no quedasen signos de vida (…) En 24 horas se podía incinerar a 2000 personas en los cinco hornos”. Sin el menor remordimiento arguyó que cumplía órdenes: “Que fuera necesario o no ese exterminio en masa de los judíos, a mí no me correspondía ponerlo en tela de juicio, quedaba fuera de mis atribuciones”. ¡Rudolf Höss se había olvidado totalmente de su condición humana y de la responsabilidad con nuestros prójimos!

Hubo también otros métodos, como el asesinato masivo por fusilamiento. Unos 3.000 soldados mataron en la ex URSS a más de un millón de personas. Historiadores y pensadores mantienen vivas las preguntas: ¿El Holocausto/Shoá es un producto de la civilización moderna o fue un carcinoma circunstancial que atacó el cuerpo social? ¿Estamos seguros de que no tendremos otros Auschwitz en el futuro? Se contesta el pensador español Manuel Reyes Mate: “El Holocausto judío perpetrado por los nazis no fue la obra de un loco, sino el final de un proceso que compromete a lo mejor de la civilización occidental : ¿podemos pensar ya de espaldas a Auschwitz como si nada hubiera ocurrido?”.

Coincide Elie Wiesel, sobreviviente de Auschwitz: “Si olvidamos, somos culpables, somos cómplices”. Y agregaba en otra oportunidad: “una memoria que no tomase en cuenta el futuro violaría el legado del pasado. Recordar significa vivir en más de un mundo. Ser tolerante: ser comprensivo el uno para el otro… . En aquellos días y noches la Humanidad perdió su rostro”.

La indiferencia del mundo facilitó el Holocausto /shoá. Señalaba Elie Wiesel: “que lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte”.


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