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El deber de la memoria

Artículo del Dr. Mario Cohen, docente de la Universidad Maimónides y presidente del Centro de Investigación y Difusión de la Cultura Sefardí (CIDiCSeF), publicado La Nación en el marco del "Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto".

El deber de la memoria

El filósofo Jean-François Lyotard elaboró una metáfora para referirse a lo que significó el Holocausto (o Shoá), uno de cuyos engranajes centrales lo constituyó Auschwitz: fue como un gigantesco terremoto que devastó ciudades enteras y personas, pero también destruyó los sismógrafos que podían medir su magnitud. Así nos advierte de la extrema dificultad para comprender este descenso al salvajismo. Al respecto, decía el historiador Ian Kershaw: "Frente a Auschwitz, la capacidad de explicación del historiador resulta insuficiente". El lenguaje sólo puede expresar una parcela de esta liberación de la bestialidad.

El 27 de enero de 1945, hace mañana 72 años, el ejército ruso entró en Auschwitz y liberó a los pocos prisioneros que quedaban en el campo. Ya habían sido asesinadas 1.100.000 personas, en su mayoría judías. Comenzó a conocerse ese día el más alto grado de inhumanidad que tuvo la humanidad. ¡Nuestro pasado más doloroso y pesado!

Los nazis comenzaron por tergiversar el lenguaje. Llamaban "solución final del problema judío" al plan de asesinato por gaseamiento; "emigrados", a los deportados; "trapos", a los cadáveres, etc. En un siniestro intento por metaforizar el crimen, los nazis decían que Auschwitz era un "campo de concentración". En realidad se trataba del mayor ejido preparado para el asesinato masivo, integrado por cámaras de gas, hornos, un complejo de fábricas de trabajo esclavo y experimentación médica con seres humanos vivos (Auschwitz; Auschwitz II o Birkenau; Auschwitz III o Monowitz). Como nunca antes en la historia se utilizaron los cuerpos productivamente: los cabellos, la piel y la grasa, incluso las cenizas de las víctimas.

La memoria no es el recuerdo individual; es una representación colectiva que tiene la humanidad de los recuerdos personales. La memoria es una construcción y esto depende de cada época y de cada sociedad. Auschwitz demandó varias décadas hasta que dejó de ser un lugar meramente geográfico para transformarse en un lieux de la memoire (lugar de conmemoración), según la expresión creada por Pierre Nora; es decir, uno de los espacios emblemáticos para la memoria colectiva.

Hay un antes y un después de Auschwitz, ya que hasta entonces la filosofía no había podido pensar una cuestión así. Rafael y Rena Moses (1986) se preguntaban: "¿Qué hay en los humanos que pudo dar origen al Holocausto? ¿Qué se puede hacer para evitar que se repita? Quizá no sea demasiado tarde para continuar con la búsqueda de respuestas".

Una respuesta la brindó Theodor Adorno: "La exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas en la educación". Alain Finkielkraut enfatiza: "La (sola) poesía de Goethe no impidió los siniestros logros de Hitler". Y en otra oportunidad señala: "Es imprescindible recordar para esterilizar el vientre que dio a luz a la terrible y horrenda bestia".

Concluye su libro Primo Levi, sobreviviente de Auschwitz: "El fascismo es un cáncer que prolifera rápidamente, y su regreso nos amenaza. ¿Es mucho pedir que nos opongamos a él desde el principio?".

¿Cuál es nuestra función luego del Holocausto (Shoá)? Para el filósofo Edgar Morin está claro: "Debemos resistir a las formidables fuerzas de regresión y de muerte? Debemos prepararnos para nuevas opresiones... Resistir".

Artículo original: El deber de la memoria

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