Encontrar un huevo fósil de dinosaurio es un hecho excepcional. Hallar más de 250 fragmentos de cáscara en el extremo sur del planeta resulta todavía más insólito. Ese tesoro apareció en el sur de la provincia de Santa Cruz, en la Patagonia argentina.
Allí caminaron alguna vez los titanosaurios, los gigantes de cuello largo que dominaron el final de la era de los dinosaurios. Los hallazgos previos indicaban que estas criaturas anidaban mucho más al norte. Ahora, ese nuevo descubrimiento cambia esa idea por completo.
La investigación fue liderada por Kohei Tanaka, de la Universidad de Tsukuba, en Japón, y fue publicada en la revista Royal Society Open Science. También colaboraron Makoto Manabe y Chisako Sakata, del Museo Nacional de la Naturaleza y la Ciencia, en Japón, y Darla Zelenitsky, de la Universidad de Calgary, Canadá.

“Estas cáscaras de huevo proporcionan, hasta donde sabemos, el primer indicio de que los titanosaurios anidaron en latitudes relativamente altas”, escribió el equipo, que estuvo integrado también por Fernando Novas, investigador de Fundación Azara – Universidad Maimónides, y Jordi Alexis Garcia Marsà, del Museo Argentino de Ciencias Naturales.
“El hallazgo es valioso, ya que demuestra que, a pesar de las temperaturas templadas que imperaban en el extremo sur de la Patagonia hace 70 millones de años, esa región de Sudamérica constituía un área de reproducción y de crecimiento para los pichones, tanto de dinosaurios herbívoros gigantes como de dinosaurios carnívoros de tamaños diminutos”, afirmó el doctor Novas.
“Estos descubrimientos fueron realizados a unos kilómetros al sur de El Calafate, provincia de Santa Cruz, y constituyen los restos de cáscaras de huevo más australes del mundo”, destacó el paleontólogo.
Un enigma en el fin del mundo
Los titanosaurios fueron dinosaurios saurópodos: herbívoros gigantes, de cuello y cola largos, que caminaban en cuatro patas. Algunos pesaban hasta 75 toneladas, la mitad de una ballena azul.
Vivieron durante el período Cretácico y se extinguieron junto al resto de los grandes dinosaurios, hace unos 66 millones de años. Sus restos fósiles han aparecido en lugares tan distantes como Mongolia, Texas, la Antártida y el sur de Argentina.
Durante décadas, los paleontólogos ubicaron los nidos de titanosaurio generalmente en zonas cálidas. Esa distribución sugería que el calor solar resultaba clave para incubar los huevos. Por eso, las regiones frías casi no figuraban en el mapa reproductivo de estos animales.
Sin embargo, esa imagen se basaba en un número limitado de sitios conocidos. La Patagonia, con su clima templado y frío, apenas aparecía en los registros de nidos de titanosaurio. Nadie sabía con certeza si esos gigantes lograban reproducirse tan lejos del ecuador.
Cuándo se hicieron los hallazgos
Entre 2020 y 2024, el equipo recolectó 255 fragmentos de cáscara en la Formación Chorrillo, en el sur de Santa Cruz. Los geólogos fecharon esas rocas en el Maastrichtiense tardío, la última etapa del período Cretácico, previa a la extinción de los dinosaurios, hace unos 66 a 70 millones de años.
Luego, los investigadores observaron los fragmentos bajo microscopio y con un escáner micro-CT, una tomografía de altísima resolución. Con esa herramienta midieron la forma, el espesor y los poros de cada trozo, y compararon esos datos con huevos de dinosaurio ya conocidos.
El análisis microscópico identificó las cáscaras como Fusioolithus, un tipo de huevo fósil típico de los titanosaurios. En ese momento, el sitio de anidación se ubicaba entre los 55 y los 60 grados de latitud sur, un récord entre los nidos conocidos de titanosaurio.
Además, la temperatura promedio anual de la zona rondaba entre 12 y 14,5 grados centígrados, similar al clima actual de ciudades como Nueva York. Ese clima templado y frío contrastaba con el calor típico de otros sitios de anidación conocidos hasta entonces.
A su vez, los poros de las cáscaras aparecieron en un patrón muy denso, similar al de huevos que otros dinosaurios enterraban para incubar. Esa densidad ofrece una pista clave sobre la construcción de los nidos y sobre cómo respiraban los embriones bajo tierra.
Un huevo enterrado necesita más poros para que el oxígeno llegue al embrión a través del suelo y la vegetación. Por eso, el equipo propuso que montículos de plantas en descomposición aportaban el calor necesario para la incubación, en lugar del sol.
“Los huevos, tal como lo muestra una alta porosidad de la cáscara, habrían sido incubados en nidos cubiertos por materiales de anidación, y habrían usado el calor generado por la vegetación en descomposición”, explicaron en el estudio.
En ese sentido, el hallazgo confirma que los titanosaurios lograban reproducirse mucho más al sur de lo que se pensaba. También aporta una hipótesis sólida sobre cómo se las arreglaban en un clima frío, con una estrategia parecida a la de ciertas aves y reptiles actuales.
No obstante, el equipo aclaró un límite importante de su trabajo. En el sitio no aparecieron huevos completos ni nidos intactos, solo fragmentos de cáscara. Por eso, la manera exacta de incubación en Santa Cruz sigue siendo, por ahora, una hipótesis fundamentada.
Cada fragmento de cáscara agrega, así, una pieza al rompecabezas de la vida en el fin del mundo. Santa Cruz vuelve a mostrarse como un territorio clave para entender a los dinosaurios. Nuevos hallazgos en la región podrán confirmar, en el futuro, cómo estos gigantes lograban reproducirse lejos de las zonas cálidas donde solían anidar.

