La tortuga terrestre común puede caminar unos 110 metros en promedio por día, aunque algunos ejemplares llegan a recorrer más de 400 metros. Suena poco desde el punto de vista humano, pero para un animal que puede pesar 3,5 kilos y mide unos centímetros es una hazaña.
Un equipo de científicos siguió sus pasos durante dos temporadas cerca de San Antonio Oeste, Río Negro, y aportaron resultados sobre cómo esta especie usa el territorio donde vive. El estudio se publicó en la revista Amphibian & Reptile Conservation.
El nombre científico es Chelonoidis chilensis y tiene un récord: es la tortuga terrestre que vive más al sur en todo el planeta. Su territorio va desde el sudoeste de Bolivia y el oeste de Paraguay hasta el norte de Chubut, y en Argentina ocupa ambientes del Chaco Seco, el Monte y el Espinal.
Es una especie en peligro de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Además de comer plantas y pequeños invertebrados, la tortuga cumple un rol clave como dispersora de semillas. Ayuda a que las plantas crezcan en nuevos lugares.
La investigación estuvo a cargo de Laila Daniela Kazimierski, Erika Kubisch, María Eugenia Echave, Nicolás Catalano, Guillermo Abramson y Karina Laneri.
Forman parte del CONICET, la Universidad Maimónides – Fundación Azara, el Centro Atómico Bariloche, el Instituto Balseiro y la Universidad Nacional del Comahue, en la Argentina. También contaron con la colaboración de Julien Joseph de la Université de Lyon, en Francia.
Por qué importa seguirles el rastro
Hasta este estudio había poca información sobre cómo se mueve la tortuga y para protegerla como especie amenazada hace falta saber cuánto terreno necesita y cómo lo recorre.
“La amenaza viene por diversas razones”, afirmó María Eugenia Echave, bióloga de la Fundación Azara – Universidad Maimónides. “La pérdida y la modificación del hábitat, la predación por parte de especies invasoras como perros salvajes y jabalíes, el atropellamiento y la mortalidad en las rutas, los incendios y el tráfico ilegal para el mascotismo”, enumeró.
A eso se suma un cambio reciente en el paisaje: en el Monte Austral, cerca de San Antonio Oeste, la ganadería extensiva viene creciendo desde hace tres décadas.
La pregunta detrás del estudio
El equipo de científicos intentó conocer cómo se mueve la tortuga durante el año, y si hay diferencias entre machos y hembras. El equipo midió la distancia que recorren por día, la superficie que ocupan, la velocidad a la que caminan y la forma de sus recorridos.
También compararon dos momentos del año: la primavera, que coincide con la época de apareamiento, y el verano.
Entre el 29 de noviembre y el 3 de diciembre de 2020, y otra vez entre el 10 y el 15 de enero de 2021, el equipo salió a buscar tortugas en el campo, cerca de San Antonio Oeste.
Usaron tres técnicas al mismo tiempo. La primera es hilo y carrete: le atan un carrete chiquito a la tortuga y, a medida que camina, el hilo se va desenrollando y queda marcado el camino exacto que siguió.
La segunda es radiotelemetría: un transmisor en el caparazón que emite señales y permite ubicar al animal con una antena. La tercera es un dispositivo con GPS diseñado por el Centro Atómico Bariloche, que registra la posición con mayor frecuencia que las otras dos técnicas. En total, siguieron a siete tortugas con hilo y carrete, a 12 con radiotelemetría y a 10 con GPS.
Cuánto terreno necesita una tortuga
En promedio, la distancia máxima que recorrieron por día fue de unos 110 metros. Pero hubo ejemplares que llegaron a los 400. Ese promedio fue igual para machos y para hembras.
Cada tortuga usó en promedio una superficie de entre 581 y 1.147 metros cuadrados por día en primavera, y de entre 736 y 1.332 metros cuadrados en verano. Esas cifras son parecidas entre las dos estaciones, así que el tamaño del terreno que necesitan no cambia mucho según la época del año.
En primavera, machos y hembras ocuparon superficies parecidas. Hay una explicación posible, según los investigadores: los machos las siguen de cerca durante la temporada de apareamiento, y eso hace que sus recorridos se superpongan. El estudio registra esa conducta, aunque todavía no se puede confirmar que el apareamiento sea la causa exacta.
Otro dato curioso: las tortugas usaron con frecuencia los senderos internos del terreno. Estudiar por qué eligen esas rutas podría aportar información sobre qué características del ambiente prefieren.
“Conocer cómo se mueven estas tortugas permite identificar qué espacios y recorridos son importantes para su supervivencia. Esos datos pueden ayudar a diseñar medidas de conservación más ajustadas a las necesidades de la especie”, cerró Echave.

