Al dentista sin miedo: qué técnicas de sedación se pueden usar

Hoy se emplean métodos que incluyen desde gases relajantes hasta infusiones intravenosas para que los pacientes estén cómodos en la consulta.
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Team of surgeons in blue gowns performing an operation, wearing masks and caps under bright overhead lights.

El sonido agudo del torno produce una reacción inmediata de pánico en algunas personas que van a la consulta odontológica. Sin embargo, la aplicación de técnicas modernas de sedación cambia esa experiencia en los consultorios.

Estas herramientas reducen el estrés y abren una vía de atención accesible para pacientes con fobias o necesidades especiales, explicó Gabriela Scagnet, profesora de Odontopediatría en la Universidad Maimónides (UMAI), directora del Hospital de Odontología Infantil Quinquela Martín de Buenos Aires y ex presidente de la Asociación Internacional de Discapacidad y Salud Oral.

Durante décadas, el miedo extremo alejó a muchos pacientes de los tratamientos preventivos necesarios. Esta situación causó un deterioro grave en la salud bucal de niños y adultos con altos niveles de ansiedad.

Las técnicas tradicionales de adaptación fallaban en casos de fobia severa o en pacientes con alguna discapacidad. En esos contextos, el cuidado médico convencional generaba momentos de alta tensión física y emocional.

La falta de alternativas viables derivaba con frecuencia en intervenciones complejas bajo anestesia general. Ese recurso hospitalario implicaba costos elevados y un impacto mayor para el organismo del paciente.

Del sillón al bienestar

En la actualidad, la medicina clasifica la atención en cuatro modalidades según la intensidad del fármaco. Esta escala abarca la sedación mínima, la moderada, la profunda y la anestesia general, explicó Scagnet.

En el consultorio ambulatorio, los profesionales aplican los dos primeros niveles para cuidar al paciente. Bajo la sedación mínima o ansiólisis, la persona responde con normalidad a la voz y mantiene su respiración intacta.

En la sedación moderada o consciente, el paciente responde a estímulos verbales o físicos sencillos. Esta técnica preserva la ventilación espontánea sin necesidad de intervenciones para abrir la vía aérea.

“Generalmente utilizamos los dos primeros tipos de sedación en el consultorio”, afirmó Scagnet al referirse a las opciones mínima y moderada. Esta estrategia permite realizar tratamientos en el mismo sillón dental.

Para lograr esta relajación, un médico evalúa al paciente e indica el uso de una benzodiazepina llamada midazolam. Luego, un profesional de la odontología administra ese medicamento que actúa de manera rápida, disminuye el temor y mantiene la calma durante la sesión, detalló.

El fármaco produce un efecto que impide formar nuevos recuerdos durante el procedimiento. De esta manera, el paciente construye una memoria positiva de su consulta.

Cuando la respuesta al midazolam resulta insuficiente, el médico indica una co-medicación como la difenhidramina. Esta combinación responde a una decisión individual dentro del protocolo y no constituye una norma rutinaria. En varios países se utilizan otras benzodiazepinas de acción corta como el triazolam según su normativa local. Se debería considerar que un medicamento no resulta mejor por ser más nuevo, sino por su adecuación clínica.

Por otra parte, la sedación inhalatoria con óxido nitroso y oxígeno reduce la ansiedad de manera veloz. Este gas mantiene al paciente consciente, despierto y capaz de responder órdenes directas del profesional.

“Sus mayores virtudes en el sillón dental son su acción inmediata y su reversibilidad instantánea”, destacó la especialista sobre el óxido nitroso. La mezcla actúa en dos minutos y se elimina por completo al inhalar oxígeno puro.

Instituciones universitarias y hospitales públicos de Argentina implementan de manera oficial esa técnica inhalatoria. Su uso requiere la aprobación previa de las autoridades sanitarias en cada provincia.

Por su parte, la sedación profunda genera una respuesta más limitada ante estímulos dolorosos repetidos. Esta opción requiere la presencia de un médico anestesiólogo y fármacos de alta potencia por vía intravenosa.

En esa modalidad avanzada, los especialistas administran sustancias como propofol, fentanilo o benzodiazepinas endovenosas. El procedimiento exige un entorno equipado con soporte vital y monitoreo constante.

Por último, la anestesia general elimina toda respuesta ante estímulos y suspende la conciencia del paciente. Este nivel requiere un sistema de vigilancia intensiva propio del quirófano hospitalario.

Latidos bajo control digital

Para determinar si un paciente es apto, los médicos utilizan la clasificación de la Sociedad Estadounidense de Anestesiólogos. Esta escala, conocida como clasificación ASA, mide el riesgo físico antes de cualquier procedimiento.

Los pacientes evaluados como ASA I y II reciben sedación ambulatoria en el consultorio sin inconvenientes. En cambio, los casos ASA III con enfermedades sistémicas requieren un control médico estricto y mayor complejidad.

Los profesionales descartan la sedación en pacientes con clasificación ASA III, IV o V. Tampoco aplican el método en mujeres durante el primer trimestre de embarazo por riesgo de malformaciones fetales.

La sedación en general está contraindicada en casos de alergia a las benzodiazepinas, obesidad mórbida o apnea del sueño no controlada. La sedación inhalatoria con óxido nitroso, además, requiere que el paciente respire con normalidad por la nariz, por lo que se descarta ante una congestión severa. En todos los casos, el procedimiento exige la presencia obligatoria de un adulto responsable para el acompañamiento posterior.

El avance digital incorpora monitores multiparamétricos que evalúan la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la saturación de oxígeno. Esta tecnología ofrece alertas inmediatas ante cualquier variación en los signos vitales.

El consultorio equipado dispone de fuentes de oxígeno, dispositivos de ventilación manual como el ambú y medicación de emergencia. El equipo médico cuenta con entrenamiento en reanimación y posee antagonistas para revertir la sedación.

Al finalizar la sesión, el equipo evalúa la recuperación del paciente antes de otorgar el alta. Cumplidos los criterios de seguridad, la persona regresa a su domicilio sin inconvenientes junto a su acompañante.

“El objetivo no es generar una dependencia de la sedación, sino utilizarla como un recurso que permita construir experiencias positivas”, enfatizó Scagnet. Se busca preparar progresivamente al paciente para la consulta convencional.

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