Una caminata puede ser una actividad muy cotidiana hasta que una patología neurológica, neuromuscular u ortopédica altera la interacción entre huesos, músculos, nervios y cerebro.
En la infancia, diversos problemas de salud provocan serias limitaciones funcionales para desplazarse con estabilidad y autonomía.
“La identificación temprana de las dificultades de la marcha permite orientar estrategias terapéuticas adecuadas y optimizar la participación en las actividades de la vida diaria”, dijo Magalí Sganga, directora de la carrera de Educación Física y Deporte e integrante del Laboratorio para la Investigación del Movimiento Humano (LIMHU) en la Universidad Maimónides (UMAI).
Entre las condiciones principales relacionadas con la marcha se destacan la parálisis cerebral, causada por una lesión del cerebro en desarrollo, y el mielomeningocele, una malformación congénita de la columna y la médula espinal. Esas patologías reducen la fuerza muscular y modifican el tono muscular, que representa la tensión continua en estado de reposo.
Además, comprometen el control motor selectivo, la capacidad de mover una articulación específica sin activar de forma involuntaria las demás. Esta falta de coordinación altera la estabilidad al andar, incrementa el gasto de energía y provoca un cansancio prematuro al recorrer distancias cortas.
En cada paciente se puede hacer una evaluación completa de la marcha y el desplazamiento. “El proceso dura dos horas y comienza con la revisión detallada de la historia clínica para registrar cirugías previo uso de ortesis, los aparatos externos que apoyan o corrigen partes del cuerpo. Luego, un examen físico exhaustivo mide el rango articular, la alineación ósea y la respuesta de las piernas”, señaló Alfredo Toledo, kinesiólogo especializado en rehabilitación neuropediátrica y disfunciones de la marcha e integrante del laboratorio.
El procedimiento continúa con la filmación de un video clínico totalmente estandarizado que permite observar las fases del andar. Después, los especialistas colocan sensores sobre puntos óseos específicos para registrar la cinemática, que cuantifica desplazamientos y ángulos articulares. Al mismo tiempo, la cinética analiza las fuerzas de reacción que se producen contra el suelo en cada apoyo.
El estudio con el paciente se completa con la electromiografía dinámica inalámbrica, un examen sin cables que mide la actividad eléctrica del tejido muscular. Este dispositivo registra el instante exacto de activación, la duración del esfuerzo y la coordinación entre los músculos evaluados.
Toledo explicó que “el objetivo es transformar la evaluación del movimiento en información útil para orientar las decisiones médicas”.
Al finalizar la prueba, cada paciente recibe un diagnóstico funcional detallado con una lista priorizada de los problemas identificados. El informe sugiere pautas concretas de kinesiología neurológica, la rama dedicada a la rehabilitación del sistema nervioso, entrenamiento de marcha y fortalecimiento. También propone ejercicios de equilibrio, adaptación de equipamiento ortésico e interconsultas con médicos especialistas de diversas áreas.
Este abordaje científico beneficia a la comunidad al facilitar un diagnóstico preciso basado en datos biomecánicos objetivos. Además se incluye el acompañamiento a las familias en la toma de decisiones complejas sobre tratamientos o intervenciones futuras.

