Las vacunas figuran entre las intervenciones de salud pública más eficaces de la historia de la humanidad. Permitieron erradicar la viruela y reducir enfermedades como la poliomielitis, el sarampión y la difteria.
Además de proteger a cada persona, la vacunación contribuye a reducir la circulación de los microorganismos que causan las enfermedades.
Cuando más personas están inmunizadas, disminuye la posibilidad de transmisión y también el riesgo para quienes no pueden recibir determinadas vacunas o tienen una respuesta inmunitaria insuficiente. Por eso, sus beneficios alcanzan a toda la comunidad, explicó la doctora Graciela Melito, directora de las carreras de Farmacia y Bioquímica de la Universidad Maimónides.
La revisión
Una revisión histórica publicada en la revista Vaccine examinó cómo cambiaron las críticas a la vacunación desde las primeras experiencias contra la viruela hasta la pandemia por el coronavirus que causa la enfermedad COVID-19. Fue realizada por investigadores de los Estados Unidos que identificaron tres argumentos: el temor a daños, la defensa de la libertad individual y la desconfianza hacia autoridades médicas y gubernamentales.
El trabajo señala que el cambio más importante no estuvo en los argumentos, sino en los canales de difusión. Durante siglos, las críticas circularon mediante folletos, protestas y medios de comunicación masivos. Pero el desarrollo y uso de Internet y las redes sociales permitieron que mensajes falsos, relatos personales y teorías conspirativas alcanzaran mayores audiencias.
Los algoritmos pueden amplificar contenidos emocionalmente atractivos, lo que favorece la circulación de mensajes engañosos.
Según la revisión, durante la pandemia por el coronavirus, que fue declarada emergencia de salud pública de importancia internacional entre 2020 y 2023, las posturas sobre las vacunas se vincularon con identidades políticas. Algunos referentes y organizaciones obtuvieron ingresos mediante donaciones, publicidad, ventas de productos y suscripciones.
Los investigadores, que pertenecen a la Universidad de Miami, advierten que la desinformación no explica por sí sola todas las dudas sobre las vacunas. Los errores reales en los controles de seguridad, la falta de transparencia y la desconfianza institucional también pueden afectar la aceptación. Por eso, consideran insuficiente responder únicamente con más información científica o con mensajes que desmientan falsedades.
Propusieron fortalecer la confianza mediante una comunicación clara y respetuosa, explicar cómo se elaboran las recomendaciones sanitarias y escuchar las preocupaciones de las familias. También plantean estudiar el papel de los algoritmos y los incentivos económicos detrás de los mensajes antivacunas. El desafío consiste en proteger los beneficios de la vacunación y recuperar la confianza.
El rol profesional
Tras leer la revisión publicada, la doctora Melito opinó: “Uno de los grandes problemas que enfrentamos actualmente en relación con la salud es la desinformación que se propaga de manera indiscriminada en las redes sociales. Las vacunas no son una excepción”.
Durante la última pandemia, “los profesionales de la salud tuvimos que trabajar mucho para informar a los pacientes y desarmar los cientos de argumentos sin sustento que circulaban sobre qué hacer, qué tomar, si vacunarse o no y en qué vacuna confiar”, recordó.
“Las vacunas tienen también un gran impacto en la salud de toda la comunidad. Más allá de la decisión personal de inmunizarse para protegerse, la vacunación también puede ayudar a reducir la circulación de los patógenos. Este efecto, conocido como inmunidad colectiva o de rebaño, puede contribuir a controlar y, en algunos casos, erradicar enfermedades”, subrayó Melito.
Para la experta, “la pandemia por el coronavirus nos dejó una gran enseñanza: es necesaria una mayor participación de los profesionales de la salud en la comunicación dirigida a la población. Es importante participar activamente en las redes sociales, los canales de difusión y los diferentes medios para acercar información científica y confiable sobre temas complejos e importantes. Estos temas no deberían quedar reducidos a opiniones sin fundamentos comprobables”.
Sugirió que la población consulte con profesionales de la salud ante cualquier duda sobre la información que recibe por distintos medios. “Cerca de muchos hogares hay una farmacia con un profesional farmacéutico dispuesto a brindar asesoramiento. También es posible hablar con un médico de confianza o consultar a los enfermeros de hospitales y otros centros de salud”, acotó.
La doctora Melito recalcó: “Somos muchos los que estudiamos durante años para acompañar y ayudar no solo en el tratamiento de las enfermedades, sino también en su prevención y en la promoción de la salud de la comunidad”.

