¿El dinosaurio Sidersaura podría haber oído una canción de rock?

Investigadores de Argentina y España analizaron un cráneo encontrado en Neuquén. Por qué se abren hipótesis sobre comunicación y cuidado de crías.
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Los restos fósiles del dinosaurio Sidersaura marae fueron encontrados en Neuquén en 2012. Fue una especie de saurópodo de cuello largo y gran tamaño que vivió hace entre 96 y 93 millones de años.

Ahora, investigadores de Argentina y España descubrieron que el cráneo de esa especie de dinosaurio revela algo más difícil de conservar que los huesos: pistas sobre su cerebro y su capacidad auditiva. Los resultados también abren hipótesis sobre la comunicación y el cuidado de las crías.

“A partir de los resultados, se podría pensar que si Sidersaura viviera hoy, probablemente habría percibido gran parte del registro medio de una canción de rock, pero no sus graves ni sus agudos más extremos”, ilustró el primer autor del estudio el doctor en paleontología Juan Pablo Garderes, del Conicet y el Centro de Ciencias Naturales, Ambientales y Antropológicas de la Universidad Maimónides y la Fundación Azara. Vale aclarar que el estudio no analizó música ni la hipotética experiencia auditiva del animal.

 

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La reconstrucción 3D del cráneo con el cerebro del dinosaurio | Imagen por Juan Pablo Garderes

 

Dónde estaba el dinosaurio

Los restos del dinosaurio estudiado aparecieron en Cañadón de Las Campanas, a unos 20 kilómetros de Villa El Chocón, Neuquén. Allí también aparecieron fósiles de otros tres ejemplares de Sidersaura y del gran dinosaurio carnívoro Meraxes gigas.

Sidersaura pertenece a los rebaquisáuridos, un grupo de dinosaurios saurópodos. Su nombre alude a la forma de estrella de algunos huesos de la cola y “marae” homenajea a Mara Ripoll, directora del Museo Municipal Paleontológico, Arqueológico e Histórico Ernesto Bachmann, que se encuentra en Villa El Chocón, Neuquén.

El cráneo guardaba pistas sobre el cerebro

Garderes trabajó con Lucas Lerzo, de la Fundación Azara – Universidad Maimónides y el Conicet, y Fabien Knoll, del Museo Nacional de Ciencias Naturales / CSIC de España. Publicaron los resultados en la revista Cretaceous Research.

Los científicos reconstruyeron gran parte del interior del cráneo de Sidersaura. El análisis incluyó estructuras relacionadas con el cerebro, los nervios craneales, los vasos sanguíneos y el oído interno. Esa reconstrucción mostró un recorrido particular del nervio accesorio y una llamativa abertura en el techo del cráneo.

Dentro de las estructuras asociadas al oído interno, la lagena, una estructura vinculada con la audición, medía 8,79 milímetros. Esa longitud dio una frecuencia auditiva óptima estimada de 1333,44 hercios y un límite superior de 3500,92 hercios.

 

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Un momento de la excavación de los restos fósiles del dinosaurio | Imagen por Juan Pablo Garderes

 

El oído abre una ventana a su vida social

La comparación de la audición de Sidersaura mostró una relación creciente entre el aumento de la longitud de la lagena y del tamaño de la caja craneana en los rebaquisáuridos, más acentuada que en otros saurópodos.

Además, hallaron una particularidad: los saurópodos y los pequeños terópodos tienen frecuencias auditivas óptimas similares.

“Estos resultados abrieron distintas hipótesis. Una posibilidad relaciona esa capacidad auditiva con la detección de sonidos producidos por crías. Otra contempla que pequeños terópodos localizaran juveniles de saurópodos por medio de sus chirridos”, mencionó Garderes.

Los científicos también examinaron una posible relación entre la audición y formas potenciales de comunicación sin vocalización. Entre las posibilidades mencionó sonidos producidos mediante el golpeteo del pico, como lo hacen especies actuales como el picozapato. Este ave, que habita en grandes pantanos y humedales de África oriental, emite un sonido que recuerda al golpeteo de una ametralladora o un tambor.

Los investigadores plantearon además que las capacidades auditivas de Sidersaura pudieron relacionarse con la protección de juveniles frente a depredadores. Esas interpretaciones se plantearon como posibilidades, no como hechos demostrados.

Para el doctor Garderes, “continuar la búsqueda de nuevos ejemplares de Sidersaura y otros rebaquisáuridos, con cráneos más completos, esqueletos de varios individuos juntos y nidadas, podría ayudar a entender mejor cómo eran los hábitos sociales de los dinosaurios de cuello largo”.

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