El delfín de nariz de botella de Lahille es una subespecie endémica del Océano Atlántico Sudoccidental. Sus poblaciones habitan cerca de las costas de Brasil, Uruguay y Argentina.
Se los detecta principalmente cerca de Bahía Blanca y Bahía San Blas, en la provincia de Buenos Aires, y en Bahía San Antonio, al este de la provincia de Río Negro, en Argentina. También existen registros ocasionales cerca de la costa de la provincia de Chubut.
Su nombre científico es Tursiops truncatus gephyreus y en la Argentina quedan menos de doscientos ejemplares. Esa cifra tan baja convierte a cada grupo costero en una pieza clave para entender si la especie sobrevive o desaparece.
Con colaboradores, la doctora Magdalena Arias, investigadora en ecología del CONICET y del Área de Biodiversidad del Departamento Científico de la Fundación Azara – Universidad Maimónides (UMAI), empezó a realizar relevamientos sistemáticos en la Bahía San Antonio y otros sectores del Golfo San Matías que son utilizados por los delfines de Lahille.
“Durante las campañas obtendremos fotografías de sus aletas dorsales. Las marcas naturales presentes en sus aletas permiten reconocer individualmente a los delfines y seguirlos a lo largo del tiempo”, contó.
La técnica se llama “fotoidentificación” y permitirá estimar el tamaño de la población y analizar parámetros como la supervivencia, la reproducción, los nacimientos, la permanencia en el área y los desplazamientos de los cetáceos.
También las campañas permitirán obtener muestras de piel y grasa: “Las muestras servirán para realizar estudios genéticos, determinar el sexo de los individuos, evaluar la diversidad genética y analizar la conectividad entre los delfines de Bahía San Antonio y los registrados en otras localidades, especialmente Bahía Blanca”, destacó Arias.
Además, desde la embarcación que utilizarán, llamada Azara I, podrán registrar la composición de los grupos de delfines, la presencia de crías, el comportamiento, el estado físico de los animales y las características ambientales de los sectores que usan. La compra de la embarcación fue financiada por la Fundación Azara – Universidad Maimóndes y la Fundación Yaqu Pacha.

Imagen por Magdalena Arias
Cuáles son las amenazas
“El delfín de Lahille es especialmente vulnerable porque presenta una distribución costera restringida, poblaciones pequeñas y fragmentadas, una marcada fidelidad a determinadas áreas y una diversidad genética muy baja”, afirmó la doctora Arias.
“Las amenazas no tienen la misma intensidad en toda su distribución. En el sur de Brasil, la captura incidental en redes de pesca constituye la principal causa conocida de mortalidad. En Uruguay también se han registrado capturas incidentales y animales con lesiones producidas por artes de pesca”, recordó.
En la Argentina, en cambio, nacen pocas crías y eso frenaría la recuperación del grupo. “Existen pocos registros de mortalidad por captura incidental o colisiones con embarcaciones. La disminución observada se ha relacionado principalmente con una baja incorporación de nuevos individuos a la población, posiblemente asociada a un número reducido de hembras reproductivas. Sin embargo, esta hipótesis necesita ser evaluada con información de largo plazo”, planteó la investigadora.
El zoólogo detrás del nombre
El delfín de Lahille se llama así en honor al zoólogo y naturalista francés radicado en Argentina Fernando Lahille, quien describió y bautizó científicamente a la especie en el año 1908.
Mucha gente lo llama “tonina”, pero ese apodo genera más dudas que certezas. Arias explicó: “‘Tonina’ es un nombre popular que puede aplicarse a diferentes especies según la región y, por eso, puede generar confusión”.
Para la científica, “la embarcación Azara I resultará fundamental porque nos permitirá sostener un programa de monitoreo sistemático y de largo plazo”.
En poblaciones tan pequeñas como las del delfín de Lahille, “no alcanza con conocer cuántos animales existen en un momento determinado. Es necesario seguirlos durante varios años para saber si la población se mantiene, aumenta o disminuye y comprender qué factores podrían afectarla”, sostuvo.
Durante el estudio se tendrá en cuenta que entre las amenazas actuales o potenciales pueden ser la contaminación química y acústica, la degradación del hábitat costero, la disminución de las presas, las actividades portuarias e industriales, el tránsito de embarcaciones y el riesgo de colisiones.
“Debido al reducido tamaño de estas poblaciones y a su lenta reproducción, incluso la pérdida de unos pocos individuos, especialmente hembras reproductivas, puede tener consecuencias importantes para su viabilidad futura”, advirtió Arias. Entre las principales preguntas que el equipo busca responder se encuentran:
- ¿Cuántos delfines de Lahille hay actualmente en Bahía San Antonio y cuál es la tendencia de esta población?
- ¿Cuáles son sus tasas de supervivencia y reproducción?
- ¿Cuántas hembras reproductivas existen y con qué frecuencia tienen crías?
- ¿Qué sectores del Golfo San Matías utilizan con mayor intensidad y en qué momentos del año?
- ¿Qué grado de fidelidad presentan hacia Bahía San Antonio?
- ¿Existen desplazamientos e intercambio de individuos con Bahía Blanca, Bahía San Blas u otros sectores de la costa?
- ¿Cuál es su diversidad genética y qué grado de aislamiento presenta la población argentina?
- ¿Cuál es el estado sanitario y físico de los animales?
- ¿A qué contaminantes están expuestos?
- ¿Cómo se superpone su distribución con la pesca, el tránsito marítimo y otras actividades humanas?
- ¿Qué medidas de manejo podrían favorecer la conservación de la población?
La información obtenida permitirá actualizar las estimaciones de abundancia y alimentar modelos de viabilidad poblacional. A través de esos modelos se evalúa el riesgo de disminución o extinción bajo diferentes escenarios.

