Lobbi, una perra de siete años y sin raza definida empezó a tener desmayos frecuentes. Pesaba 16 kilos y llegó a presentar una pausa ventricular de 11 segundos.
En la consulta veterinaria, los profesionales confirmaron que la señal eléctrica ya no pasaba de las aurículas a los ventrículos debido a una afección conocida como bloqueo auriculoventricular de tercer grado.
Para salvarle la vida, un equipo de profesionales del hospital veterinario de alta complejidad Wellvet, que es la Unidad Escuela del Centro de Ciencias Veterinarias (CCV) de la Universidad Maimónides, le implantaron un marcapasos bicameral.

Se trata de un dispositivo electrónico de dos cables diseñado para enviar impulsos al corazón. El procedimiento en la perra resultó un éxito, trató las consecuencias de la falla cardíaca y le devolvió una vida normal sin colapsos.
Es el primer caso realizado en América Latina y reportado en una revista científica. El equipo estuvo integrado por Cristian Daniel Rodríguez, Sergio Ferraris, Guillermo Belerenian, Carlos Adrian Perona, Fernando Daniel Lange, Sandra Fonseca, Agustina Covini y Ricardo Fabián Charubi, quienes publicaron su estudio en la revista Clincardiovet.
El ritmo silencioso de las fallas cardíacas
El corazón funciona gracias a un sistema eléctrico interno. Cada latido depende de impulsos que viajan desde las cavidades superiores o aurículas hacia las cavidades inferiores o ventrículos. Cuando este circuito opera bien, las cavidades se contraen en secuencia perfecta para bombear sangre a todo el cuerpo.
En ciertos pacientes ocurre una falla que interrumpe esta corriente vital. El bloqueo auriculoventricular de tercer grado representa la etapa más severa de esta condición: la señal eléctrica se corta por completo y desconecta ambas cavidades.
Como resultado, las aurículas y los ventrículos laten a ritmos desordenados e independientes. Esta falta de sincronización causa caídas drásticas en las pulsaciones y pausas peligrosas donde el ventrículo deja de latir por varios segundos. Al reducirse el flujo de sangre y oxígeno al cerebro, el animal sufre mareos y desmayos repentinos.
La chispa tecnológica que devuelve el latido
En el caso de la perra de siete años, los veterinarios buscaron restaurar la comunicación eléctrica ausente a través de una tecnología biomédica adaptada de la medicina humana. El objetivo principal fue eliminar las pausas cardíacas y prevenir la muerte súbita del paciente.
A diferencia de los aparatos tradicionales de un solo cable, se optó por instalar un marcapasos bicameral. Este dispositivo utiliza dos electrodos flexibles para estimular tanto la aurícula como el ventrículo y reproduce el ritmo cardíaco natural.
Los veterinarios introdujeron los cables del marcapasos a través de la vena yugular derecha en el cuello del animal. Guiados por imágenes de radioscopia en directo, los profesionales desplazaron los electrodos hasta ubicarlos en los puntos exactos del corazón.
El primer cable quedó fijo en el ventrículo derecho y el segundo en la aurícula derecha. Los profesionales alojaron el generador eléctrico bajo la piel del cuello y ajustaron la programación.
El renacer de una vida sin pausas
El monitoreo posterior mostró un ritmo cardíaco estabilizado por el dispositivo. La frecuencia mínima se fijó en 45 latidos por minuto, impidiendo nuevas pausas en el corazón.
“El seguimiento de un año evidenció la ausencia total de desmayos en la perra. El animal recuperó su actividad física normal y adaptó sus pulsaciones según sus necesidades diarias”, contó Ferraris, uno de los integrantes del equipo, quien también es director del Centro de Investigaciones en Ciencias Veterinarias de la Universidad Maimónides.
“Este logro es un precedente histórico en la medicina veterinaria de América Latina. La técnica podría salvar a más animales con fallas cardíacas severas en los próximos años”, resaltó.

