Un fósil hallado en Entre Ríos hace más de un siglo volvió a ocupar un lugar central en el estudio de la evolución de los peces de agua dulce de Sudamérica. El ejemplar conserva un cráneo excepcional y permitió revisar características que antes no podían observarse con claridad.
El nuevo estudio ubicó al fósil dentro del grupo que hasta ahora se conocía como Megaleporinus y llevó a los investigadores a recuperar el nombre Arhinolemur, creado por Florentino Ameghino en 1898. La decisión implica transferir 11 especies a ese género y modifica la clasificación de peces que también tienen importancia comercial. El estudio se publicó en la revista científica The Anatomical Record.
La investigación estuvo a cargo de científicos de Argentina, Brasil y Estados Unidos. Participó el doctor Federico Agnolín, investigador del Conicet en la Universidad Maimónides / Fundación Azara y del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, junto a Karen Panzeri y Sergio Bogan.
El fósil que recuperó un nombre de Ameghino
La historia comenzó en Entre Ríos, donde Pedro Scalabrini recolectó fósiles desde 1870. El ejemplar procede de la Formación Ituzaingó, una unidad geológica del Mioceno tardío, una época que transcurrió desde hace 11,63 millones de años hasta hace 5,33 millones de años.
Florentino Ameghino describió el fósil en 1898 y lo clasificó como un primate de un grupo llamado estrepsirrinos (el grupo que incluye a los actuales lémures). Décadas después, una investigación publicada en 2012 determinó que los restos pertenecían en realidad a un pez de la familia Anostomidae.
El ejemplar tiene un valor especial porque constituye el único anostómido extinto conocido con material completo del cráneo. La familia Anostomidae reúne peces de agua dulce muy diversos que forman parte de la fauna de numerosos ríos sudamericanos y que son comúnmente conocidos como “bogas” o “yiki-yiki”.
Ahora, el equipo de científicos buscó establecer con mayor precisión la posición evolutiva de Arhinolemur scalabrinii. También buscó determinar qué relación tenía con las especies que hasta ahora pertenecían al género Megaleporinus.
La clasificación de estos peces había cambiado durante las últimas décadas. En 2017, Megaleporinus reunió varias especies que antes estaban dentro de otros géneros, mientras que investigaciones posteriores mostraron relaciones cercanas entre Megaleporinus, Abramites y Brevidens.
La investigación también intentó revisar con mayor detalle la anatomía del fósil y comparar sus características con las 11 especies que entonces formaban Megaleporinus. Esa comparación permitió abordar al mismo tiempo la posición del fósil y la validez de ambos nombres científicos.
Un cráneo que cambió la clasificación
Los investigadores estudiaron el fósil con microtomografía computada, una técnica que permite obtener imágenes de distintas capas del interior de un objeto sin abrirlo. El ejemplar nunca quedó por completo libre de la roca que lo rodeaba, por lo que algunas estructuras permanecían ocultas.
“El análisis permitió observar con mayor precisión los huesos del cráneo, y particularmente los dientes. La investigación también reunió 69 características anatómicas, un rasgo relacionado con los cromosomas y 4766 pares de bases de cinco marcadores genéticos”, precisó el doctor Agnolin.
Con esos datos, los investigadores construyeron un árbol evolutivo, una representación que permite comparar qué especies comparten una historia común más cercana. El análisis incluyó al fósil y a las 11 especies de Megaleporinus, además de otros peces de la familia Anostomidae.
La microtomografía reveló que el fósil tenía tres dientes en cada lado de la parte superior de la boca y tres en cada lado de la mandíbula. También mostró una abertura estrecha en el cráneo, llamada fontanela, que investigaciones anteriores no habían podido observar con claridad.
Los resultados ubicaron al fósil dentro del grupo que reunía a las especies de Megaleporinus, con un respaldo fuerte. La posición exacta del fósil dentro de ese grupo es algo ambigua, debido a la falta de algunos datos y a las deformaciones que sufrió durante la fosilización.
A partir de esos resultados, los investigadores aplicaron las reglas internacionales de prioridad para los nombres zoológicos. Arhinolemur, creado por Ameghino en 1898, tenía más de un siglo de antigüedad respecto de Megaleporinus, creado en 2017. Por eso, Megaleporinus pasó a considerarse un sinónimo posterior de Arhinolemur.
“Desde este punto en adelante, todas las especies asignadas previamente a Megaleporinus son transferidas formalmente a Arhinolemur”, aclaró Agnolin.
El cambio alcanza a 11 especies, entre ellas Arhinolemur macrocephalus y Arhinolemur obtusidens, que antes recibían otros nombres. Algunas tienen importancia comercial, por lo que los investigadores señalaron que la modificación puede generar cierta inestabilidad temporal en publicaciones científicas y en la literatura sobre pesca.
La investigación concluyó que la recuperación del nombre Arhinolemur permite aplicar las reglas de prioridad y, una vez incorporada por la comunidad científica, mantener una clasificación estable. El estudio también mostró el valor de la microtomografía para estudiar fósiles excepcionales sin alterar su conservación.

