Las polillas que engañaron a la ciencia: ADN revela que hay más de las que se creía

Un grupo de investigadores de Rusia y Argentina examinó casi 1.300 ejemplares de polillas carpinteras del género Morpheis. Cómo el hallazgo pone en duda la taxonomía.
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Collection of moth specimens labeled A–J arranged on a gray background with a 20 mm scale bar and green tag; red dots mark specimens.

Las polillas carpinteras del género Morpheis llevan más de 200 años confundiendo a los científicos. Sus alas blancas con franjas oscuras, su gran tamaño y su distribución desde Arizona hasta Argentina las hacen llamativas, pero identificarlas con precisión era, hasta ahora, casi imposible.

Expertos de Rusia y Argentina combinaron un análisis morfológico tradicional, es decir, el examen físico de los insectos, con técnicas moleculares y confirmaron que, detrás de lo que parecían pocas especies, puede haber muchas más sin descubrir. El hallazgo, que fue publicado en la revista Insects, reordena el mapa de la biodiversidad de polillas en América.

El trabajo fue realizado por científicos del Instituto de Biología y Biotecnología de la Universidad Estatal de Altái, el Instituto Zoológico de la Academia de Ciencias de Rusia y la Universidad Estatal de San Petersburgo. Desde Argentina colaboró el naturalista Fernando Penco, de la Fundación Azara – Universidad Maimónides.

ADN contra el espejo

El problema con el género Morpheis viene de lejos. Sus estructuras genitales, que los entomólogos usan para separar especies, son muy similares entre sí, y el patrón de las alas varía mucho dentro de una misma especie. Esa combinación generó décadas de confusión en la disciplina que clasifica y nombra a los seres vivos, que se llama taxonomía. Muchos ejemplares terminaron mal identificados en colecciones de museos de todo el mundo.

Los datos moleculares sobre este grupo eran prácticamente inexistentes. Tal como señaló el estudio, hasta su publicación “ningún estudio filogenético molecular publicado hasta la fecha se había dedicado exclusivamente al género Morpheis“.

El objetivo de los investigadores fue construir, por primera vez, una revisión taxonómica completa del género: clarificar qué especies son válidas, cuáles son sinónimos de otras y dónde vive cada una. A eso se sumó trazar el primer árbol evolutivo basado en ADN para todas las especies conocidas del grupo. La investigación también se propuso poner a prueba si las herramientas genéticas podían resolver lo que la morfología tradicional no había logrado en más de dos siglos.

Mil especímenes y un gen

Los investigadores examinaron 1.247 ejemplares conservados en 16 museos estatales y seis colecciones privadas, y analizaron 191 observaciones del proyecto iNaturalist, seleccionando solo las que permitían una identificación confiable. Para el análisis genético, extrajeron ADN de una pata de cada ejemplar y amplificaron un fragmento de 658 pares de bases del gen COI mitocondrial, el llamado “código de barras de la vida”: una secuencia que actúa como huella genética para identificar especies.

Las muestras fueron procesadas en el Instituto Zoológico de la Academia de Ciencias de Rusia y en el Laboratorio de ADN del Museo de Historia Natural de la Universidad de Oslo, en Noruega.

El método ASAP permitió identificar entre 19 y 21 unidades taxonómicas moleculares operativas —MOTUs—, grupos genéticamente distintos que podrían corresponder a especies separadas. El número reconocido por la taxonomía tradicional es sólo 11.

Tres especies mostraron diferencias de ADN dentro de lo que se considera una misma especie muy por encima del umbral del 3% usado para separar especies en lepidópteros: Morpheis xylotribus alcanzó un 9,4%, M. mathani un 7,1% y M. cognatus un 7,0%.

El estudio planteó que “las pronunciadas distancias genéticas intraespecíficas halladas en varios taxones de Morpheis, junto con la estructura filogenética inferida, pueden reflejar la existencia de especies que han pasado desapercibidas”.

Un caso revelador fue el de M. pyracmon y M. putridus, dos polillas prácticamente idénticas a simple vista que, según el análisis genético, pertenecen a linajes evolutivos muy distintos. El estudio describió esto como “una incongruencia entre la morfología y la filogenia molecular”.

Como paso siguiente, los investigadores plantearon que “será esencial integrar datos filogenómicos multilocus, análisis morfométricos detallados y datos de distribución más completos para delimitar los límites entre especies, refinar sus rangos geográficos y resolver las relaciones más profundas dentro del género”.

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