El ADN antiguo revela un centro de mezclas humanas en la Patagonia y Pampas

Científicos analizaron restos en Argentina y Uruguay y descubrieron que grandes migraciones interconectaron el Cono Sur. Derribaron el mito del aislamiento.
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People dig a deep trench in sandy dune terrain using buckets and tools with a few workers and surveying gear nearby.

El paisaje humano de la Patagonia y las Pampas guardó, durante siglos, un misterio genético sin resolver. Ahora, un análisis de ADN antiguo reveló que oleadas de migrantes recorrieron esas regiones durante miles de años. El origen de una de esas oleadas, sin embargo, todavía no se pudo identificar.

Se trata de un estudio que fue publicado en la revista Current Biology. Fue realizado por científicos de Alemania, Italia, Estados Unidos, Uruguay y Argentina, incluyendo a la investigadora en paleogenética del Centro de Ciencias Naturales, Ambientales y Antropológicas (CCNAA) de la Universidad Maimónides y la Fundación Azara, la profesora Cristina Dejean.

El equipo de investigación también fue integrado por los doctores Gustavo Martínez y Gustavo Politis, del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Paleontológicas del Cuaternario Pampeano (INCUAPA), que depende del CONICET y la Universidad Nacional del Centro.

Los resultados muestran cómo distintos grupos se desplazaron y ayudan a entender la diversidad cultural del Cono Sur. El hallazgo desafía la idea de que las poblaciones estaban aisladas y estáticas. El territorio fue recorrido una y otra vez por grupos humanos que se mezclaron durante seis mil años.

Por qué la Patagonia y las Pampas eran un enigma

Durante décadas, arqueólogos y antropólogos debatieron si las poblaciones cazadoras-recolectoras del Cono Sur permanecieron aisladas o se reemplazaron unas a otras. El registro arqueológico mostraba huecos difíciles de explicar.

Esos vacíos, tanto en las Pampas como en la Patagonia noroccidental, alimentaron hipótesis contrapuestas. Algunos modelos proponían extinciones y reemplazos poblacionales. Otros defendían una continuidad cultural ininterrumpida.

El problema de fondo era la escasez de datos. Antes de este trabajo, la región central del Cono Sur solo contaba con datos genómicos de 22 individuos antiguos. El equipo internacional se propuso generar un transecto genómico denso, que cubriera cuatro regiones distintas de Argentina y Uruguay a lo largo de seis milenios.

“El objetivo específico de nuestro estudio fue responder tres preguntas: si hubo continuidad o ruptura genética en Pampas y Patagonia, qué vínculos existieron entre las poblaciones del Paraná y el Uruguay, y qué conexiones tuvieron los habitantes prehispánicos del este uruguayo con sus vecinos”, contó la profesora Dejean.

Cómo el ADN antiguo reescribió el mapa del Cono Sur

Los investigadores extrajeron ADN de restos óseos y dentales de 52 individuos antiguos, provenientes de 31 sitios de Argentina y Uruguay, con edades de entre 6.000 y 150 años antes del presente. Las muestras representaron cuatro regiones: las Pampas central y sur, la Patagonia noroccidental, el Delta del Paraná y el Bajo río Uruguay, y las tierras bajas orientales de Uruguay.

“El ADN de los huesos y dientes se extrajo en tres laboratorios distintos: la Universidad de Tubinga, en Alemania, la Universidad de Pavia, en Italia, y la Escuela de Medicina de Harvard, en los Estados Unidos”, comentó la profesora Dejean.

Después, para leer ese ADN y compararlo entre las muestras, los datos se procesaron con computadoras en esos mismos tres centros. Los análisis finales, los que permitieron reconstruir las migraciones, estuvieron a cargo del equipo de Tubinga, liderado por Cosimo Posth.

Con esos datos, el equipo comparó las muestras antiguas entre sí y con poblaciones indígenas de toda Sudamérica. Los resultados mostraron que, ya en el Holoceno medio (se ubica aproximadamente entre 8.200 y 4.200 años antes del presente), convivían al menos tres linajes genéticos distintos en las Pampas.

“Los datos no apoyarían la hipótesis de una continuidad genética completa entre los grupos más antiguos”, expresó. Dos individuos del sitio Tres Bonetes revelaron una conexión clara con poblaciones del sur de la Patagonia. Hacia el 5.500 antes del presente se sumó una tercera ascendencia, que los científicos definieron como de origen geográfico desconocido.

Esa misma huella genética llegó al Bajo río Uruguay hacia el 1.500 antes del presente y alcanzó la Patagonia noroccidental recién 610 años atrás. Las poblaciones del Delta superior e inferior del Paraná, activas desde hace unos 600 años, mostraron diferencias genéticas que coinciden con distinciones ya conocidas en la cerámica local.

En el extremo oriental de Uruguay, un individuo del sitio Los Indios mostró vínculos genéticos con los pueblos constructores de conchales del sur de Brasil. Esa conexión sugirió una dispersión costera vinculada a hablantes de lenguas jê.

Qué significa el mapa genético

El estudio tuvo como primera autora a Kim-Louise Krettek, del Centro Senckenberg de Evolución Humana y Paleoambiente de la Universidad de Tubinga en Alemania.
A partir de los resultados, confirman que las transformaciones culturales del Holoceno medio y tardío en el Cono Sur estuvieron ligadas a movimientos humanos a gran escala. Los investigadores escribieron: “Grandes movimientos humanos contribuyeron a la notable diversidad cultural de la región”.

La muestra de la Patagonia noroccidental tiene un vacío temporal grande hacia el final del Holoceno tardío, lo que impide zanjar del todo el debate sobre continuidad o reemplazo poblacional.

Por eso, los investigadores consideran que la ampliación del muestreo genómico en zonas aún poco exploradas, como la Patagonia central y distintas regiones de Uruguay, contribuiría a la comprensión del proceso de poblamiento humano en la región.
En el estudio también colaboraron los investigadores argentinos María Bárbara Postillone, Mariano Bonomo, Valeria Bernal, Iván Pérez, Mariela Gonzalez, Nahuel Scheifler, Pablo Messineo y Gustavo Flensborg.

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