Los últimos 11 años fueron los más cálidos de la era moderna, según la agencia meteorológica de las Naciones Unidas. Sin embargo, una encuesta internacional de la consultora Ipsos detectó que disminuyó la proporción de personas que siente una responsabilidad personal frente al cambio climático.
El relevamiento cobra relevancia a pocas semanas de la COP 31, la cumbre climática de las Naciones Unidas que tendrá lugar desde el 9 al 20 de noviembre en Antalya, Turquía. Allí, representantes de distintos países volverán a debatir cómo enfrentar el calentamiento global que es la causa principal del cambio climático.
Los resultados de la encuesta plantean un desafío para ese esfuerzo: la urgencia ambiental crece, pero la percepción de la responsabilidad individual pierde fuerza. La investigación reunió respuestas de 23.704 adultos menores de 75 años en 31 países.
Las entrevistas se realizaron por internet entre el 23 de enero y el 6 de febrero de 2026. Para comparar los cambios a lo largo del tiempo, el informe examinó los resultados de 26 países que también participaron en la medición de 2021.
En diálogo con Claudio Campagna, doctor en Biología de la Universidad de California, Estados Unidos, y miembro honorario de la Fundación Azara – Universidad Maimónides, comentó: “Hoy hay muchas personas que saben que el clima, tal como lo han experimentado, está en juego. Pero son finitas en su energía y priorizan según perciban sus necesidades. Generalmente se prioriza lo inmediato, y las cuestiones como la responsabilidad en relación al cambio climático asociado al calentamiento global quedan relegadas”.
El experto consideró también que algunos creen que “el cambio climático es universal y que se escapa de las posibilidades de actuar para cada individuo. O hay personas que directamente niegan que ese cambio está relacionado con actividades humanas”.
Para Campagna, “la única manera de salir es a través de la presión social, como ocurrió con el control del tabaco. Seguramente aún hay gente que no cree que fumar causa cáncer, pero ya no puede consumir en lugares públicos, y no solo porque la regulación no se lo permite sino porque el contexto social lo resiste”.
El científico añadió que “el problema del cambio climático no debería dejarse relegado a las políticas públicas e instituciones relacionadas, que han mostrado su incapacidad o ineficacia, sino que deberían fundamentarse en sistemas de valores sociales que detengan las causas. Es la sociedad la que va a pagar las consecuencias, no los que legislan o la gobiernan. La sociedad tiene que entender que tiene el poder, y no lo siente. Entre otras cosas porque el que sí siente busca resultados para temas que se consideran prioritarios”.
La urgencia retrocede
En la encuesta de IPSOS se preguntó si estaban de acuerdo con esta afirmación: “Si las personas como yo no actúan ahora para combatir el cambio climático, les estaremos fallando a las generaciones futuras”.
En los 26 países comparables, la proporción de personas que estuvo de acuerdo con esa idea disminuyó entre 2021 y 2026. La caída no tuvo la misma magnitud en todos los lugares. En Chile y Japón alcanzó 24 puntos porcentuales, mientras que en la Argentina llegó a 13 puntos y en Brasil, a siete.
El resultado argentino muestra un cambio en la percepción de la responsabilidad personal, pero no permite concluir que la población haya dejado de preocuparse por el ambiente. La encuesta midió el grado de acuerdo con una afirmación concreta, no todas las dimensiones de la preocupación climática.
Otra pregunta exploró si la crisis ya resulta imposible de enfrentar. Ante la frase “El cambio climático escapa a nuestro control: es demasiado tarde para hacer algo al respecto”, el 48% promedio de los 31 países manifestó su desacuerdo y el 25% expresó su acuerdo.
Es decir, casi la mitad rechazó la idea de que ya no existe margen para actuar. En 29 de los 31 países, más personas discreparon con esa afirmación que las que estuvieron de acuerdo. El dato muestra que la percepción de una responsabilidad individual más débil convive con la idea de que todavía es posible responder a la crisis.
Quién debe actuar
El retroceso en la responsabilidad individual tampoco significa que la población considere innecesarias las acciones personales. En 28 de los 31 países encuestados, una mayoría opinó que las personas deberían hacer más para combatir el cambio climático.
La expectativa de una respuesta más firme también alcanza a los gobiernos. En promedio, el 59% de los participantes consideró que su país debería hacer más frente al problema. En cambio, sólo el 27% sostuvo que su nación es líder mundial en la lucha climática, mientras que el 34% discrepó con esa idea.
La distancia entre ambas respuestas resulta significativa: muchas personas esperan más medidas de sus gobiernos, pero pocas consideran que su país ocupa una posición de liderazgo internacional. La encuesta identifica esa percepción, aunque no demuestra por sí sola cuáles son sus causas.
La próxima cumbre COP 31 encontrará, por lo tanto, una sociedad con expectativas de mayor acción pública y con una percepción menos intensa de la responsabilidad personal en numerosos países.
“Las consecuencias del cambio climático se van a hacer sentir, y mucho. Si una sequía, una inundación o una catástrofe simultánea llegaran a impactar sobre millones de personas al mismo tiempo, recién ahí podría generarse una demanda social real para actuar. De lo contrario, el tema seguirá pasando desapercibido”, afirmó Campagna.
Entre sus sugerencias, Campagna consideró que se deberían realizar acuerdos directos entre países y que deberían surgir líderes reales. “Los frentes multinacionales no funcionaron. Por eso, habría que recurrir a nuevas ideas, pero no hay líderes en el frente. Mientras tanto, tal vez funcione mejor el acuerdo directo entre los países que importan”, opinó.
También se debería revisar el lenguaje. La expresión “cambio climático” despoja al problema de su agente causal. No dice “cambio en el clima forzado por el ser humano en su afán de hacer crecer la economía”, según Campagna.

