¿La alteración del olfato puede estar asociada a depresión?

Investigadores de la Universidad Maimónides y el CONICET hallaron un indicio revelador sobre el trastorno mental. La clave depende del test aplicado.
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¿La alteración del olfato puede estar asociada a depresión?

La alteración del olfato podría aportar pistas para comprender mejor la depresión, pero la relación entre ambos fenómenos todavía no está clara.

Investigadores de la Universidad Maimónides y el CONICET realizaron un metaanálisis de 13 estudios y encontraron que las diferencias en la percepción de los olores dependen del tipo de prueba que se utilice.

A nivel general, el análisis global no mostró diferencias claras. Sin embargo, los datos dieron un resultado positivo al evaluar los estudios que utilizaron una prueba olfativa específica, un hallazgo que abre nuevas preguntas sobre el tema.

La investigación no confirmó una asociación estadísticamente significativa en el análisis general. Sin embargo, un resultado positivo apareció en los estudios que utilizaron una prueba olfativa específica. Ese hallazgo abre nuevas preguntas, aunque todavía no justifica el uso de estas evaluaciones para detectar la depresión.

El trabajo fue llevado a cabo por el médico y becario doctoral Nicolás Glasbauer y el doctor e investigador superior del CONICET Carlos Pirola, ambos del Centro de Investigación Traslacional en Salud (CENITRES / UMAI-CONICET). Fue publicado en la revista Advances in Geriatric Medicine and Research.

Depresión y percepción de los olores

El olfato permite reconocer y distinguir aromas, pero su función también se relaciona con procesos cerebrales vinculados con las emociones, la memoria y las funciones cognitivas en general.

Algunas de las regiones que participan en el procesamiento de los olores también intervienen en la regulación del estado de ánimo y con los circuitos neuronales alterados en enfermedades como el Parkinson, como Glasbauer, Pirola y la doctora Silvia Sookoian (decana de Medicina de UMAI) demostraron en un trabajo previo que habían publicado en la revista Neuroscience.

Esa conexión despertó el interés por investigar si las alteraciones olfativas aparecen con mayor frecuencia en personas con depresión. Sin embargo, los estudios previos ofrecían resultados dispares y utilizaban distintos métodos para evaluar esa capacidad.

Para aclarar el panorama, Glasbauer y Pirola analizaron si las personas con depresión presentaban diferencias en el rendimiento olfativo frente a grupos de control. También examinaron si la edad, el sexo o el tipo de prueba podían modificar los resultados.

Los investigadores realizaron un metaanálisis, un método estadístico que combina los resultados de diferentes estudios para estimar una tendencia general. La búsqueda en la base de datos PubMed incluyó trabajos publicados hasta el 6 de enero de 2024.

El equipo seleccionó 13 estudios que cumplían los criterios establecidos. Las investigaciones debían incluir personas con depresión, grupos de control y pruebas objetivas validadas para evaluar el olfato.

Al evaluar los 13 trabajos en conjunto, los pacientes con depresión tuvieron un rendimiento olfativo ligeramente menor que los grupos de control, pero la diferencia no fue estadísticamente significativa (es decir, no se puede descartar que haya sido casualidad).

El resultado cambió cuando los investigadores analizaron por separado ocho estudios que utilizaron “Sniffin’ Sticks”. Esta prueba evalúa tres capacidades: detectar concentraciones bajas de un olor, distinguir entre aromas e identificar olores. En ese subgrupo, el análisis sí encontró una asociación estadísticamente significativa entre la depresión y un menor rendimiento olfativo.

En cambio, los cuatro estudios que utilizaron el Test de Identificación de Olores de la Universidad de Pensilvania (UPSIT) no mostraron una diferencia estadísticamente significativa. El número reducido de investigaciones disponibles para esa prueba también limita la interpretación del resultado.

Los análisis tampoco encontraron que la edad promedio o la proporción de mujeres y varones en los estudios modificaran significativamente la asociación. Por eso, el tipo de prueba aparece como una diferencia relevante para interpretar los hallazgos.

Qué falta saber

Los investigadores concluyeron que la relación entre la depresión y el rendimiento olfativo depende del método de evaluación. También advirtieron que la pérdida del olfato no es exclusiva de la depresión y que “no puede considerarse el único marcador del trastorno depresivo mayor”.

Por eso, señalaron que “se necesita más investigación con muestras más grandes y métodos objetivos y estandarizados para evaluar la percepción de los olores”. También hacen falta estudios longitudinales, que sigan a las personas a lo largo del tiempo, y estudios de intervención para comprender mejor esta relación.

Si bien estos hallazgos no justifican incorporar pruebas olfativas de rutina en la clínica ni para definir tratamientos, los expertos aconsejan realizar una consulta médica ante cualquier pérdida o alteración repentina del olfato.

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