En Sierra de la Ventana, en el sudoeste de la provincia de Buenos Aires, habita Homonota williamsii, un diminuto gecko que es exclusivo de esa zona. Mide hasta unos 48 milímetros, tiene manchas blancas dorsales y bandas transversas y su nombre científico honra a Jorge Daniel Williams, el biólogo argentino que dedicó su vida a rastrear, clasificar y proteger la fauna autóctona del país.

Ocho especies y un género de animales llevan su apellido como un homenaje a las contribuciones de Williams, quien es profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata y doctor honoris causa por la Universidad Maimónides (UMAI).
El profesor, que es miembro honorario de la Fundación Azara, se dedica a la herpetología, que es la rama de la zoología que estudia las serpientes, los lagartos, los sapos y las ranas.
Durante décadas, anfibios y reptiles sufrieron un rechazo social injusto por desconocimiento del público. Pero el trabajo de Williams demostró que cada una de esas especies cumple un rol irremplazable en el equilibrio de los ecosistemas locales.
En 1981, cuando una pitón gigante escapó del Zoológico de La Plata y sembró pánico en esa ciudad, Williams encabezó el operativo para recuperar al animal sano y salvo sin poner en riesgo a la población.
Williams fue el principal fundador de la Asociación Herpetológica Argentina (AHA), la institución clave que unificó a los investigadores de todo el país. Eso ocurrió en 1982 y posibilitó que investigadores de distintas provincias intercambiaran datos, métodos y hallazgos en lugar de trabajar de manera aislada.
El profesor combinó el rigor del laboratorio con expediciones a pie por el Chaco, la Mesopotamia y la Patagonia de la Argentina. En esas campañas logró mapear la presencia de la serpiente Philodryas agassizii, conocida popularmente como “culebra pampeana” o “culebra de madriguera”, y corregir clasificaciones erróneas sobre reptiles endémicos.
Colección herpetológica
Su hazaña más silenciosa y, a la vez, titánica ocurrió entre las paredes del Museo de La Plata. El profesor asumió la curaduría de la Colección Herpetológica cuando los especímenes estaban en un estado de abandono crítico.
Con años de trabajo paciente, ordenó, restauró y modernizó ese patrimonio hasta transformarlo en uno de los archivos de biodiversidad más importantes de América del Sur. En la actualidad esa colección sirve de referencia para identificar especies, comparar ejemplares de distintas épocas y regiones, y respaldar investigaciones actuales y futuras.
También Williams coordinó monitoreos científicos en los pastizales pampeanos y en los desiertos patagónicos. Colaboró con el estudio sobre la distribución espacial de los reptiles amenazados y de rango geográfico reducido del pastizal pampeano. Ese trabajo permitió identificar que las áreas protegidas actuales son insuficientes para esos reptiles.
Especies amenazadas
Su mirada conservacionista contribuyó a proteger especies al borde de la extinción. Un ejemplo es su plan de manejo para la lagartija de las dunas (Liolaemus multimaculatus), que elaboró junto a sus principales colaboradores. El plan fue publicado en la revista Oryx, editada por la Universidad de Cambridge.
Esa lagartija solo habita en las dunas costeras de la provincia de Buenos Aires y el norte de la provincia de Río Negro. Prefiere la playa alta y las dunas con poca vegetación y arena suelta. Sus poblaciones se redujeron principalmente por el avance de las construcciones urbanas.
En la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) su mayor triunfo como docente estuvo en la formación de investigadores: fue director de 28 becarios del CONICET y de la UNLP. Fue también director de 13 tesis de grado y doctorado.
Su producción abarca 14 libros, 16 capítulos de libros científicos, 97 artículos en revistas especializadas y 30 publicaciones de divulgación popular. La trayectoria del profesor Williams muestra cómo el trabajo riguroso, en el campo y en el museo, contribuye a proteger el patrimonio natural de la Argentina.

