Hace 66 millones de años, un asteroide golpeó la Tierra y acabó con los dinosaurios no aviares. Pero no todos los seres vivos desaparecieron: algunas plantas lograron atravesar ese límite fatal.
Un nuevo estudio publicado en el Journal of South American Earth Sciences aporta pruebas fósiles de esa resistencia vegetal en la Patagonia argentina.
La investigación fue liderada por Ezequiel Vera, de la División Paleobotánica del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (MACN).
También participaron Patricio Santamarina, Silvio Casadío y Alberto Garrido, del Museo Provincial de Ciencias Naturales “Prof. Dr. Juan A. Olsacher” de Neuquén. El paleontólogo Fernando Novas, de la Fundación Azara – Universidad Maimónides, fue otro de los coautores.
Se centraron en dos formaciones geológicas del norte de la Patagonia: Allen y Los Alamitos. Ambas datan del final del período Cretácico (aproximadamente entre 75 y 66 millones de años atrás), justo antes de la gran extinción masiva.
Las expediciones a los yacimientos de Los Alamitos contaron con financiamiento del programa Mammoth Scholar Grant, a través de un subsidio otorgado a Nicolás Chimento, investigador de la Fundación Azara – Universidad Maimónides y el MACN.

Lo que guardan los troncos de piedra
El objetivo del trabajo fue documentar restos de plantas fósiles, especialmente maderas y hojas de coníferas, en unidades geológicas donde casi no había registros vegetales previos. Hasta ahora, esos sitios eran conocidos especialmente por sus fósiles de animales, como dinosaurios, tortugas y mamíferos.
Para lograr sus objetivos, los investigadores recolectaron troncos silicificados, es decir, transformados en piedra, y pequeñas ramas con hojas en distintos puntos de la provincia de Río Negro, en la Patagonia argentina. Luego cortaron finas láminas de esas maderas y las observaron bajo microscopios ópticos y electrónicos.
Ese análisis les permitió comparar la estructura celular de cada muestra con la de especies ya conocidas en el mundo. Así identificaron géneros y especies concretas, algunas nunca antes registradas en esas formaciones geológicas.
Los resultados fueron reveladores. En la Formación Allen aparecieron dos tipos de madera nuevos para la unidad, llamados Brachyoxylon raritanense y Agathoxylon, además de las primeras hojas fósiles jamás halladas allí, pertenecientes al género Brachyphyllum.
En la Formación Los Alamitos, mucho menos estudiada hasta el momento, el hallazgo fue todavía más significativo: se trata del primer registro de plantas macroscópicas de esa unidad. La especie encontrada, Podocarpoxylon mazzonii, ya se conocía en otras zonas de la Patagonia.
Árboles que cruzaron el límite
Lo más llamativo es que estas mismas coníferas, Brachyoxylon raritanense y Podocarpoxylon mazzonii, también aparecen en rocas más jóvenes, formadas después de la extinción. Eso demuestra que ciertos árboles lograron cruzar la barrera del Cretácico sin desaparecer.
Este patrón coincide con lo que ya se sabía sobre otros grupos de seres vivos en la región, como mamíferos, ranas y tortugas, que también sobrevivieron en Patagonia sin grandes cambios evolutivos. La conclusión general apunta a que el hemisferio sur sufrió menos el impacto de la extinción que el hemisferio norte.
Los investigadores sostienen que esta persistencia vegetal refuerza una idea cada vez más aceptada entre los científicos: los efectos del asteroide no fueron iguales en todo el planeta. Algunas regiones, como el territorio de la Patagonia, habrían funcionado como refugios naturales para la vida.
Como recomendación final, el equipo sugirió que hace falta seguir explorando estos yacimientos patagónicos, cuyo estudio sedimentológico detallado todavía está en curso. Solo así será posible entender con mayor precisión qué especies resistieron el fin de la era de los dinosaurios, y por qué.

