Adrián Giacchino: de amar dinosaurios de chico a impulsar la ciencia en Argentina

En su nuevo libro, el presidente de Universidad Maimónides cuenta cómo convirtió su pasión infantil en iniciativas que apoyan la investigación científica
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Magazine on a wooden desk in a study, cover shows Earth globe and a person, title 'PENSAR EN GRANDE'.

A los 22 años, Adrián Giacchino, hoy presidente de la Universidad Maimónides, creó la Fundación de Historia Natural Félix de Azara, hoy conocida como Fundación Azara. Era el 13 de noviembre de 2000 y la institución comenzaba sin recursos materiales propios. Con el tiempo, se convirtió en un espacio que reúne a más de 70 investigadores, becarios y adscriptos y que participa en proyectos de investigación, conservación, educación y divulgación científica.

En su nuevo libro Pensar en grande, Giacchino cuenta cómo ese camino comenzó mucho antes: con la curiosidad de un chico fascinado por los animales prehistóricos y terminó convirtiéndose en una vida dedicada a crear oportunidades para que otros pudieran investigar.

La vocación de Giacchino apareció muy temprano. Cuando era niño visitó el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia y quedó fascinado por sus colecciones. A los 14 años comenzó a colaborar como voluntario en la Sección de Paleontología de Vertebrados del museo y, pocos años después, participó en campañas paleontológicas dirigidas por José F. Bonaparte. Esa experiencia lo acercó de lleno al mundo de los dinosaurios y de la investigación científica.

Pero con el tiempo apareció una pregunta más difícil: ¿quería dedicarse a investigar o podía hacer otra cosa para ayudar a que otros investigadores trabajaran? Su vínculo con Bonaparte fue importante durante esos primeros años. Más tarde, el encuentro con el zoólogo Julio R. Contreras también sería decisivo. En 1999, cuando tenía 21 años, Giacchino estaba pensando en dedicarse a la investigación, pero comenzó a considerar otro camino: crear una institución que les diera a los científicos apoyo, infraestructura y libertad para desarrollar sus proyectos.

La elección no significó alejarse de la ciencia. Significó cambiar de lugar dentro de ella. En vez de concentrarse solamente en sus propias investigaciones, Giacchino decidió trabajar para generar las condiciones que permitieran investigar a otros según cuenta en su libro Pensar en grande, editado por Vázquez-Mazzini Editores. También resume buena parte de su manera de entender la gestión con una frase sencilla: “Hay que animarse a emprender”.

Cómo nació la Fundación Azara

La Fundación Azara fue creada el 13 de noviembre de 2000. En sus comienzos no tenía grandes recursos ni una sede propia. Para obtener la personería jurídica, Giacchino contó con la recomendación del historiador de la ciencia y la tecnología Roberto Ferrari, la colaboración de un gestor y el apoyo económico de su abuelo paterno.

Uno de los primeros proyectos fue reunir una biblioteca especializada en ciencias naturales y antropológicas. Para eso, Giacchino donó alrededor de mil libros de su colección personal. La incorporación formal de ese material al patrimonio de la Fundación se realizó en abril de 2001. Después llegó una oportunidad clave. Giacchino conoció a Silvia B. Copelli, entonces directora del Departamento de Ciencias Biológicas de la Universidad CAECE. Gracias a su interés y al apoyo de las autoridades de esa universidad, la Fundación pudo instalarse allí hasta 2005.

Ese período fue fundamental. Se formaron colecciones científicas, creció la biblioteca, comenzaron las publicaciones y se organizaron las primeras reuniones académicas. También aparecieron los grupos de voluntarios. En 2003, por ejemplo, una convocatoria que esperaba reunir a unas 40 personas terminó con más de 70 asistentes. Entre 2003 y 2006, más de 300 personas pasaron por esos grupos.

Con los años, aquella institución pequeña fue creciendo. El libro señala que la Fundación llegó a reunir a más de 70 investigadores, becarios y adscritos, además de apoyar el trabajo de cientos de investigadores y naturalistas externos.

Mucho más que dinosaurios

La historia de Giacchino no se quedó en la paleontología. La Fundación Azara fue ampliando sus actividades hacia la conservación de la biodiversidad, la arqueología, los museos, la educación y la divulgación científica. Entre los proyectos vinculados con su trayectoria aparecen la creación y puesta en valor de museos, la protección de áreas naturales, la conservación de fauna, la investigación científica y la puesta en valor de sitios arqueológicos.

Uno de ellos es El Shincal de Quimivil, en Catamarca, un sitio arqueológico incaico cuya puesta en valor contó con la participación de la Fundación Azara junto con organismos nacionales, provinciales y municipales. También aparece el Corredor Verde Misionero, una iniciativa de conservación en la que Giacchino y la Fundación brindaron colaboración científica y técnica. El libro muestra así una característica que atraviesa toda su trayectoria: su trabajo no se concentró en una sola disciplina. La ciencia, la naturaleza, la cultura y la educación aparecen conectadas.

Un gestor de perfil bajo

Si hay una palabra que se repite en los testimonios del libro es “perfil bajo”. El naturalista y museólogo Claudio Bertonatti, director de la carrera de Turismo y Conservación del Patrimonio en la Universidad Maimónides, lo describe como un “hacedor silencioso”, mientras otros investigadores y profesionales destacan su capacidad para organizar proyectos, resolver problemas y reunir personas con conocimientos diferentes alrededor de un mismo objetivo.

Ese perfil ayuda a entender por qué muchas veces el nombre de Giacchino resulta menos conocido que los proyectos e instituciones con los que estuvo vinculado.

Pero Pensar en grande no se limita a reunir elogios. También incluye las propias reflexiones de Giacchino sobre cómo gestionar y sobre los problemas que enfrenta la Argentina. Para él, ningún modelo —público, privado o mixto— garantiza por sí mismo que un proyecto funcione. Lo importante es elegir el modelo y los recursos que mejor sirvan al objetivo. En otras palabras: no enamorarse del modelo, sino de la causa. Esa idea ayuda a entender buena parte de su trayectoria. La gestión aparece como una herramienta, no como un fin.

Una mirada sobre el futuro de la Argentina

El libro también muestra a un Giacchino preocupado por el rumbo del país. En el epílogo propone una “nueva brújula” para la Argentina: una forma de pensar el desarrollo que integre educación, ciencia, ambiente, salud, cultura, producción y bienestar. Su crítica apunta, entre otras cosas, a instituciones que pueden quedar demasiado atadas a su prestigio histórico y no responder con suficiente rapidez a los problemas actuales. También cuestiona las discusiones políticas que se quedan en los modelos teóricos y pierden de vista la necesidad de encontrar soluciones concretas.

No es una parte separada de su historia. Al contrario: las ideas del epílogo ayudan a entender por qué Giacchino eligió durante décadas trabajar desde la gestión.

Su apuesta parece ser sencilla de explicar: si una buena idea no encuentra las condiciones para hacerse realidad, hace falta alguien dispuesto a construir esas condiciones. Por eso, Pensar en grande no es solamente la historia de un joven que se interesó por los fósiles. Es también la historia de una elección profesional poco común: en lugar de buscar únicamente un lugar propio dentro de la ciencia, Giacchino decidió ayudar a construir lugares para que otros pudieran hacer ciencia.

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