Tener “hígado graso” no siempre significa lo mismo para todos: algunas personas conviven con la enfermedad sin sobresaltos y otras enfrentan un riesgo mucho más alto de infarto o cáncer. Un equipo del Centro de Investigación Traslacional en Salud de la Universidad Maimónides (UMAI) y el CONICET propone una manera distinta de considerar a la afección que afecta al 38 % de los adultos.
Hoy el trastorno se conoce como enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica y los científicos Luis Diambra, Silvia Sookoian y Carlos Pirola demostraron que existen subtipos con riesgos de muerte muy diferentes. Además, postularon que ese riesgo se puede medir con solo cuatro proteínas a través de un análisis de sangre. Para hacer la investigación, usaron datos del Biobanco del Reino Unido y de una cohorte de Islandia. Publicaron los resultados en la revista Gut del grupo BMJ.
Un problema de salud y riesgos muy distintos
La enfermedad (cuya sigla en inglés es MASLD) consiste en la acumulación excesiva de grasa en las células del hígado debido a disfunciones metabólicas como la obesidad o la diabetes. Esta condición se diagnostica al confirmar la presencia de esteatosis hepática junto con al menos un factor de riesgo cardiometabólico. El problema es que dos personas con el mismo diagnóstico pueden tener destinos médicos completamente distintos.
Los investigadores de UMAI y CONICET explicaron en su trabajo que la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD) se caracteriza por una heterogeneidad clínica significativa, lo que dificulta la predicción pronóstica.
“Hasta ahora, los médicos usaban escalas basadas solo en el hígado para estimar el riesgo de un paciente. Pero ya se sabe que la enfermedad MASLD no se queda en el hígado: también eleva el riesgo de enfermedades cardiovasculares y de cáncer en todo el organismo humano”, dijo la doctora Sookoian, investigadora superior del Conicet y decana de la Facultad de Ciencias de la Salud de UMAI.
Por eso, los investigadores buscaron patrones ocultos dentro de la enfermedad y evaluaron si esos patrones predicen mejor quién corre más peligro.
El código de cuatro proteínas que anticipa el riesgo
Los investigadores analizaron a 48.806 participantes del Biobanco del Reino Unido con estudios de resonancia magnética del hígado. Con esos datos, agruparon a las personas en diez clases distintas según sus rasgos clínicos y bioquímicos, con una técnica estadística llamada “análisis de clases latentes”.
Después, midieron casi 3.000 proteínas en la sangre de miles de esos participantes para entender qué distinguía biológicamente a cada grupo. El resultado mostró diferencias marcadas según el sexo: hubo una clase formada solo por mujeres y otra solo por varones. Dos clases resultaron de altísimo riesgo, con hasta 85 por ciento de prevalencia de MASLD y fibrosis hepática en la mitad de las mujeres afectadas.
“A partir de las proteínas más relacionadas con esos grupos, construimos un puntaje llamado PS4, formado por cuatro proteínas: FTCD, FABP1, ADGRG1 y GAST”, detalló la científica Sookoian. Ese puntaje predijo mejor la muerte por cualquier causa que el índice FIB-4, la escala no invasiva más usada hasta hoy en la práctica clínica. El puntaje se validó en un segundo grupo británico y también en una cohorte de Islandia, con una plataforma tecnológica distinta.
Los investigadores plantearon que MASLD ya no debería pensarse como una enfermedad aislada del hígado, sino como un conjunto de procesos moleculares dinámicos que afectan a todo el organismo. Aclararon que el PS4 no busca reemplazar a las escalas de fibrosis hepática que ya usan los médicos.
“La propuesta es sumar una herramienta biológica que ayude a detectar, antes de tiempo, a quienes tienen más riesgo de morir por causas cardiovasculares o por cáncer vinculadas a la enfermedad”, expresó la doctora.
Los próximos pasos, según los investigadores, apuntan a confirmar estos resultados en más poblaciones y a explorar tratamientos dirigidos a las vías biológicas que señala el PS4.

