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“Un festival musical para los jóvenes”

Antes del primer Festival Internacional de Música Nueva “Horacio Salgán”, organizado por la carrera de Artes Musicales, en conjunto con la Secretaria de Cultura de la Nación y la Subsecretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, nos reunimos con su director, Ricardo Hegman.

“Un festival musical para los jóvenes”

Festival Música Nueva

“En una carrera de arte es importante que exista un espacio donde los jóvenes puedan mostrar sus trabajos”, asegura Hegman. Y esa es la idea motora del primer Festival Internacional de Música Nueva, declarado de interés cultural por la Secretaria de Cultura de la Nación. Para ello se presentaron dos concursos: uno de Dirección orquestal y otro de Composición, invitando a jóvenes artistas (hasta 35 años) a presentar sus trabajos y difundirlos en la sociedad.

El Festival este año lleva el nombre de Horacio Salgán, uno de los más importantes compositores de tango del país, quien es mentor de la carrera junto a otras grandes personalidades del mundo de la música argentina: Mercedes Sosa (Folklore), Luis Alberto Spinetta (Rock) , Ljerko Spiller (Clásico). Cada uno de ellos representa un género musical, reflejando el espíritu de la carrera que busca no hacer distinción entre géneros y estilos musicales.

El tan esperado evento musical se realizará en el Centro Cultural Recoleta, entre el 18 y 23 de septiembre. Los invitados podrán disfrutar de variados espectáculos y presentaciones estelares, entre los que cabe destacar: los ganadores de los concursos de Dirección orquestal y de Composición, el Quinteto Real de Tango, la presentación de la banda del Festival con la dirección de Ricardo Hegman. También actuarán graduados de la carrera, como Andrés Pilar, folklorista.

Una mirada diferente

Hegman se define en las antípodas de la enseñanza tradicional de la música. Es Director de orquesta, formado en la Academia Rubín de la Universidad Hebrea de Jerusalem, en Israel, país donde además de cambiarle el apellido -Hegman en lugar de Hagman- tuvo un vuelco en la manera de pensar la docencia y la forma de transmitir el conocimiento.

Con respecto a su carrera de Artes Musicales, cuenta orgulloso que la mayoría de los integrantes del cuerpo docente está formada por artistas, músicos en actividad. De su experiencia afirma que los buenos resultados académicos tienen que ver con el intercambio con el docente, donde hay mucho respeto por el otro, pero sin acartonamientos. “Los profesores buenos que tuvimos son aquellos que ponían pasión en lo que hacían... quienes dejaron una huella en mí son quienes eran profesionales, emocionales, contenedores”, asegura Hegman, con una sonrisa que deja entrever que esos recuerdos están frescos y latentes. Y con esa impronta busca transmitir los conocimientos desde la carrera que dirige.

A la hora de referirse a la metodología de enseñanza, si bien su formación fue tradicional, él explica que su ideal es la transmisión de conocimiento a partir de una visión gestáltica, donde los contenidos no están en compartimentos separados, sino que se estudian como un todo. “La música tiene varios aspectos: ´el técnico´ que se relaciona con el idioma, los parámetros que se acercan a procesos matemáticos, y un aspecto estético, expresivo y emocional. Separar uno del otro a nosotros nos parece un error. Se debe desarrollar tanto el nivel de libertad, pasión, locura, creatividad junto con los aspectos técnicos y de conocimientos, como en todas las ciencias”. Y sintetiza: “Los grandes músicos son quienes naturalmente pueden consolidar la calidad con la emoción”.
Llevar a cabo esta idea resulta un desafío con los alumnos nuevos, que sin importar la edad ingresan a la carrera con una educación más disociada, explica Hagman.

Finalmente, concluye: “Hay que lograr un equilibrio entre lo que significa tener un título universitario y ser también un investigador creativo. Las instituciones tienden a frenar el proceso creativo, y nosotros tratamos de individualizar. Lo ideal es el hombre del Renacimiento, con una cantidad de conocimientos generales”.

Por: Maia Bubis Perera

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